Leonelia, mujer de Caña & Candela

Leonelia, mujer de Caña & Candela

Soy Leonelia Atehortúa Buriticá, tengo 34 años y dos hijos: Didier Alejandro de 15 años y Miguel Ángel, ambos tienen mis apellidos: Atehortúa Buriticá. Mi empresa se llama Caña & Candela. La primera parte representa de donde salen nuestros productos y la segunda hace parte del proceso que lleva hacerlos: la candela.

Quisimos ponerle el nombre porque es muy sonoro y fácil de recordar. Y además, me gusta que la gente se quede acordando de mi y si no se acuerdan de mi nombre porque es un poquito complicado, pues que se acuerden del producto como tal. Y me gusta como ponerle un doble sentido a las cosas, porque tu al escuchar el nombre tu dices: !Uy, candela, porqué! Es lo primero que se te viene a la mente.

Hace 16 años estábamos nuestra finca, que llama La Zulia y está ubicada en la vereda San Agustín de San Rafael, y la noche anterior se habían presentado enfrentamientos en la parte alta de la vereda.

Y al día siguiente las autodefensas bajaron y le dijeron a mi papá que les tenía que prestar dos caballos para cargar equipos y armamento. Y además de eso que ellos necesitaban llevarse a mi hermano. Nos vimos obligados a permitir que él se fuera y regresó dos días después con los animales.

Por eso mi papá tomó la decisión de que nos viniéramos, porque a pesar de que mi hermano había regresado con vida, no podíamos permitir que sucediera de nuevo y no corriéramos con la misma suerte.

Nos fuimos para Medellín, a la casa de una de nuestras hermanas. Salimos mi papá, mi mamá y 5 hermanos. Fue una decisión muy complicada porque uno no sabe para dónde va ni qué va a hacer. Dejamos todo lo que teníamos en la finca, los animales, todo; la casa grande, cómoda, bonita, como las casas de campo: amañadoras, calor de hogar, lo que no tiene uno en una ciudad.

Recuerdo mucho el patio, donde jugábamos todos. Teníamos flores por toda la casa. Y nos encantaba meternos a la cocina a conversar, al lado del fogón de leña. Siempre es el sitio, todo lo contrario a otras casas que es en la sala. En la finca el sitio de reunión era la cocina.

Uno llegar donde la hermana es muy incómodo. Ella tiene su esposo, su hogar y uno llegar a molestar, sin saber cómo nos vamos a acomodar, sin saber qué vamos a hacer. Mi papá y mi maná regresaron rápido a San Rafael, pero nosotros no queríamos por el miedo de que les sucediera algo.

Yo tomé la decisión de quedarme y estuve 6 años en Medellín trabajando en lo que resultara, pero mas que todo en casas de familia, porque es en lo único que le dan empleo a uno en Medellín.

En el 2006 me vine para San Rafael de nuevo, porque no veía oportunidades en Medellín. Yo soy muy entrona y aquí se presentó la oportunidad con un tema de retornos de la Alcaldía de Medellín, para proyectos productivos. Ahí comenzó Caña y Candela.

La ayuda de la Alcaldía de Medellín, con Crisálidas, emprendiendo sueños, fue excelente. Me ayudaron a crear la marca de la empresa, me dieron stickers para los productos, asesoría en emprendimiento y construcción de plan de negocios, además de dinero: casi $5.000.000.

Con esa plata mejoramos el entable del trapiche, compramos abonos para el cultivo de caña, empaques para los productos, se invirtió todo en el proyecto productivo. Sirvió mucho y por eso estamos aquí parados, porque inicialmente mi mamá no creía. Decía que esos blanquiaos eso no deja, eso no sirve. Y cuando vio todo tan organizado con su logo, con su imagen, empecé a moverme por los negocios y supermercados, y vio que sí servía y se vendía, ahí empezó a creer en el proyecto.

Nosotros vendemos además de la panela, que es nuestro producto principal y llevamos 50 años trabajando con eso, vendemos blanquiao en varias presentaciones, por 360 gramos, bandeja por 16 unidades, 8 unidades; miel de caña por media y cuarto, panelas con coco y todos los productos derivados de la caña.

En la comercialización nos va muy bien. Surtimos cinco supermercados, dos tiendas y otras salsamentarias. Semanalmente, por ejemplo, vendemos 290 bandejas por 16 unidades de blanquiao. En las fiestas del río hemos llegado a hacer 300 bandejas para un fin de semana.

Yo sueño con que mi negocio crezca, poder surtir otros municipios como San Carlos, Guatapé; crecer y poder generar más empleo, porque en este momento trabajamos con cinco madres cabeza de hogar, porque pensando en la situación que he pasado con mis hijos y sin apoyo, tengo que emplear a las madres cabeza de hogar principalmente.

La idea es crecer como empresa familiar, no trabajarle a terceros y brindarle más empleos a mas madres cabeza de hogar. Me veo como profesional, ya estoy en el tercer semestre de tecnología en obras civiles, trabajando en lo que estoy estudiando y siguiendo con la comercialización de los blanquiaos porque mientras tengamos la finca no tenemos porqué dejarla.

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